My Bloody Valentine

Un grupo se convierte en clásico cuando su música trasciente épocas y estilos.

Yo sigo escuchando a My Bloody Valentine y a pesar de que sus discos rondan ya las dos décadas, no es que me sigan pareciendo contemporáneos, sino que pienso que suenan futuristas.

Sus canciones continúan siendo objeto de culto y son reivindicadas por gente como Sofía Coppola (véase la banda sonora de Lost In Translation).

Llevamos muchos años escuhando a su líder Kevin Shields hablar de un posible retorno, la última vez hace pocos días en las páginas del NME.

De momento, continuamos gozando con sus discos (sobre todo con Isn’t Anything (88) y Loveless (91) -sin duda uno de los 3 mejores trabajos publicados en toda la década de los 90-) y con ese puñado de Eps memorables (You Made Me Realise, Glider, etc).

Pocas noticias hemos tenido de Shields todos estos años aparte de alguna que otra banda sonora, colaboración esporádica o su inclusión en Primal Scream (dónde si no) como guitarrista.

Siempre recordaremos la anécdota de que Loveless estuvo a punto de arruinar Creation, la extinguida compañía de discos de Alan McGee, señor que aparte de descubrir a My Bloody Valentine, hizo lo propio con Jesus & Mary Chain, Primal Scream u Oasis. Fue un disco que tardó mucho en grabarse, para el que reclutaron a muchos músicos, con el que tuvieron alquilado un estudio durante años hasta que la broma rondó el millón de libras.

En fin, cosas de genios.

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