Bernard Sumner: Joy Division, New Order y yo

Posted by Manuel Pinazo on Jueves may 19, 2016 Under Críticas

Por Manuel Pinazo

Había muchas ganas por conocer de primera mano las vivencias de Bernard Sumner. Él es uno de los personajes más acreditados de la escena en las cuatro últimas décadas y tanto su papel, como su visión de algunos de los acontecimientos más trascendentes de la música popular contemporánea merecían ser plasmados en las más de 300 páginas de este libro.

New Order están viviendo una justa reivindicación los últimos tiempos gracias a un último disco (Music Complete) más que convincente y tras la afortunada sobreexposición de la figura de Ian Curtis la última década en la que parecían algo olvidados. Era el momento de conocer todas esas historias en boca de uno de sus protagonistas y no lo neguemos, también existía morbo por conocer algunos de los episodios más conocidos, incluyendo lo había ocurrido con el díscolo Peter Hook, que abandonó la banda hace algunos años y no deja de tener enfrentamientos y litigios con ellos. Ya en 2008 David Nolan escribió aquél Bernard Sumner: Confusion: Joy Division, Electronic and New Order Versus the World, pero ya se sabe, las autobiografías dan más juego y desde entonces han ocurrido algunos hechos más que relevantes aquí contados.

El tiempo es una cosa curiosa. Cuando lo tienes por delante, es algo que das por supuesto y transcurre con lentitud. Luego, a medida que vas envejeciendo, se acelera. Cuando miro hacia atrás, la distancia recorrida me parece muy larga, como si hubiera pasado mucho tiempo, como si fuera un sueño.” Esta acertada reflexión abre una historia contada desde el punto de vista más personal de Bernard Sumner o Bernard Dickin -en los primeros capítulos descubriremos los porqués de sus apellidos- o incluso Bernard Albrecht, pseudónimo utilizado en los primeros tiempos de Joy Division. Un capítulo más que añadir a la consabida historia que comienza durante su infancia en Salford, junto a una madre con importantes trabas físicas (parálisis cerebral) y sus abuelos y la difícil situación económica de la familia que siendo un adolescente le obligó a buscar un trabajo frustró su carrera en la escuela de arte.

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Su juventud, vivida en los años 60 dado el estatus del personaje nos hacía presagiar unas influencias musicales de lo más rico y variado, pero según comenta no era algo que le llamara demasiado la atención en aquella época. Lo que realmente le marcó por primera vez, fue la música de Ennio Morricone. Y la guitarra de Jimi Hendrix o las melodías de The Kinks, hasta aquél concierto que Sex Pistols dieron en Manchester en 1976 al que asistieron cuarenta afortunados y con el que Sumner bromea diciendo que dada la influencia y el zarandeo al que sometió a la ciudad, hace que se cuenten por cientos los que se atribuyen haber asistido.

Y desde ahí cómo impera el Do It Yourself en sus autodidactas comienzos, cómo aprenden a tocar estudiando libros y van ensayando y conociendo a los compañeros de banda. Cómo pasan de llamarse Warsaw a Joy Division, (nombre propuesto por el propio Sumner) y la entrada apasionante en sus vidas de diversos personajes que desde su mentor Tony Wilson (quien tiene menos protagonismo del que esperábamos) a su primer manager Rob Gretton o el ilustrador Peter Saville, van formando las historias de sobra conocidas sobre Factory Records y The Haçienda. Sin olvidar lógicamente su obligación de asumir el liderazgo del grupo casi por obligación o la decisión de hacer música electrónica, capítulos muy interesantes ambos.

También se trata su relación y el deterioro de la amistad con Peter Hook, a quien continuamente se refiere como Hooky, algo se trata de una manera bastante respetuosa. Él no entiende la fijación del bajista por su persona desde hace décadas y critica su actitud en muchos aspectos de su relación, no solo financiera sino personal.

Destaca igualmente su defensa de Ian Curtis como una persona enferma (sus ya conocidos problemas de epilepsia) y un escritor maravilloso a quien en todo momento aleja de esa imagen de ser atormentado y depresivo. Un joven que en un momento de fragilidad decidió cometer una locura que nunca entenderá. A el le dedica igualmente un emotivo epílogo de uno de sus últimos momentos juntos.

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Sus compañeros de siempre, Gillian Gilbert y Steve Morris tienen una presencia testimonial y aunque se refiere a ellos siempre en un tono cariñoso, resulta extraño ver cómo han compartido tantas vivencias en más de 30 años y apenas se narran.

Para terminar, por no querer entrar en demasiados detalles y dejar al interesado lector que disfrute de la narración, rememorar las antológicas juegas que aquí se cuentan, ya fueran en EEUU, en Ibiza o en compañía de un siempre educado Johnny Marr en su época de Electronic, a quien quiso pervertir hacia la mala vida (dicho sea en el sentido más jocoso de la palabra) sin terminar de conseguirlo.

En definitiva, Bernard Sumner, Joy Division, New Order y yo es una entretenida lectura que nos ayudará a conocer algo más de las vivencias de una de las formaciones más importantes de los últimos años.

 

Publicado en Muzikalia.

 

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