¿Qué podemos esperar del nuevo disco de The Cure?

Posted by Manuel Pinazo on Martes feb 4, 2014 Under Críticas

Esta semana nos sorprendía la noticia. Seis años después de su última entrega, el discreto 4:3 Dream (2008) y cuando nadie lo esperaba, The Cure anuncian un nuevo disco que se publicará en los próximos meses.

4:4 Scream será su decimo cuarta referencia tras 36 años de carrera, grabado durante las sesiones de de su último álbum tal y como el líder de la banda dejó caer en sus últimas visitas a nuestro país. Recordemos que por aquél entonces la intención era publicar un disco doble, pero la compañía puso trabas al respecto y se editó una versión sencilla quedando en un cajón el denominado “Dark Album” que en teoría ahora saldrá a la luz.

Pero… ¿qué podemos esperar de esas nuevas canciones?

La última década en la carrera de The Cure ha dejado por el camino varias giras antológicas, conciertos de 3 horas y un torrente de emociones tanto para nostálgicos, como para nuevos fans que han salido con un inmejorable sabor de boca de cada una de sus presentaciones.

Pero, ¿sus últimos discos han estado a la altura? En parte sí y en parte no. Una banda que nos lleva cautivando desde hace más de tres décadas con el afterpunk de su debut, que nos llevó a los parajes sombríos de la trilogía eterna Seventeen Seconds (80), Faith (81) y Pornography (82), que tras abrazar el synthpop y deambular unos años recuperó su credibilidad abrazando el pop en The Head On The Door (85) y Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me (87); para tocar techo en el sublime Disintegration (89) y cerrar un capítulo de su historia con el recordado Wish (92).

Desde entonces han brillado, sí, pero de manera intermitente.

Somos conscientes de que una banda con ese bagaje y trayectoria no puede seguir rindiendo a la misma altura que en sus épocas doradas. Que se lo digan a cualquiera de sus compañeros de generación. Pero The Cure siempre han demostrado estar un peldaño por encima, por lo que siempre les exigiremos un poco más que a otros.

Tras Wish las expectativas quedaron demasiado altas y cuatro años después, con gran parte de su banda fuera de la formación (Porl Thompson y Boris Williams abandonaron el barco) entregaron el irregular Wild Mood Swings (96) un disco que a pesar de que ha ganado con el tiempo, queda a años luz de otras de sus obras.

Quizá un disco incomprendido o quizá no, pero su acogida y la opacidad en la que entró el grupo tras su entrega y gira, hizo que Robert Smith anunciara su siguiente trabajo como el último de la banda.

Bloodflowers (2000) fue concebido como una despedida, como el disco de la madurez grabado al cumplir los 40 años (Disintegration lo grabó a los 30), con el que haciendo un guiño a sus seguidores más fieles, recuperaban sus ambientes más densos y oscuros. Con él, la banda recuperó parte de su credibilidad perdida gracias a contener algunas de sus mejores canciones en más de una década. Era el disco del adiós, pero algo cambió en su gira.

La presentación de Bloodflowers duró casi dos años. Por primera vez The Cure salía a la carretera dejando a un lado los momentos pop de sus conciertos y brindaba al personal shows de 3 horas de intensidad por los parajes más sombríos de su repertorio. La grandísima acogida, la legión de nuevos seguidores sobre todo en EEUU y el impresionante estado de forma que vivía el grupo en directo, hizo replantearse la retirada, que tras el antológico Trilogy, entraría de nuevo al estudio a las órdenes de Ross Robinson (Blink 182, Spilknot).

En 2004 regresaban con The Cure, disco homónimo que fue definido por el propio Smith como “un compendio de todo lo que somos y hemos sido como banda” y así fue. Un conjunto de temas digno, que a pesar de no contentar a todo el mundo por igual y de lastrar su contenido con un montón de ediciones distintas, contenía algunos moentos a la altura de lo esperado.

Un año después, Robert Smith decide prescindir de dos de sus compañeros (el guitarrista Perry Bamonte y los teclados de Roger O´Donnell) y tras probar como trío, volverá a recurrir a Porl Thompson (cuñado y guitarrista en los mejores discos de la banda) para hacer una nueva serie de conciertos (FIB 2005) en los que obviando los teclados, centran su repertorio en las guitarras. Y así hasta 4:3 Dream (2008), disco que llega tras la publicación de sus cuatro sencillos y sus correspondientes caras B (todas para el olvido, para qué negarlo).

El último disco hasta la fecha de los de Crawley es comparable a Wild Mood Swings (96) en indefinición, ya que a pesar de contener algún que otro tema salvable, el conjunto decepciona.

Tras la gira y el preceptivo descanso la banda volvió a la carretera en 2011 con un nuevo guiño a sus fans: los conciertos de Reflections, en los que para interpretar sus tres primeros discos, contaron con la participación de dos antiguos miembros, el teclista Roger O´Donell que a partir de entonces volvería a la banda hasta nuestros días y Lol Tolhurst, invitado para tocar los teclados y percusiones.

Y a partir de ahí una nueva gira, ya con Porl Thompson fuera y fichando a Reeves Gabrels (David Bowie) como nuevo encargado de las guitarras. Y así hasta hoy, cuando la banda anuncia nuevo disco, nueva gira para finales de año y más lanzamientos.

Poco ha trascendido de las canciones que verán la luz próximamente. Hace varios años se filtró que esta “A Boy I Never Knew”, descarte de aquellas sesiones, podría formar parte de este nuevo disco, pero nunca se sabe. Y tratándose de Robert Smith, menos aún.

Publicado en Muzikalia.

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