Siempre recordaré el impacto que me produjo Cronos (1993), primera película de Guillermo del Toro. Una terrorífica historia de vampiros contemporáneos protagonizada por Federico Luppi. Desde entonces, pasó a convertirse en uno de esos directores a tener en cuenta película a película, un autor que ha ido creciendo con cada entrega y que poco a poco que en su género, aunque con matices, ha pasado a coger el testigo de grandes autores de cine fantástico como George Lucas o Spielberg. Ahí están el excéntrico Terry Gilliam, el gótico Tim Burton, el visionario Peter Jackson, o nuevas promesas como Darren Aronofsky, Zack Snider entre tantos otros.
Pero el caso de del Toro, elegido hace pocos meses para trasladar al cine El Hobbit, precuela de El Señor de Los Anillos que llegará en dos partes en 2011 y 2012, tiene algo que sin duda lo hace especial. Su pasión por los mundos fantásticos, su adicción a los cómics, su gran humor,… mil y una virtudes que están presentes en la segunda adaptación del comic de Mike Mignola, Hellboy. Una película con la que el otro día disfruté como un enano. Mucho más imaginativa y deslumbrante que la anterior, plagada de imaginería visual a raudales y con varias escenas para el recuerdo (esa balada a medias entre Hellboy y su fiel amigo Abe, por ejemplo).
Puede que no pase a la historia, que su guión flojee por momentos, pero quien simplemente quiera pasar hora y media atrapado por los mundos que propone el mexicano y divertirse de lo lindo, que no lo dude y vaya a verla. De verdad, merece la pena.
Para quienes somos seguidores de la serie Expediente X y disfrutamos durante nueve temporadas de los fenómenos paranormales, de subtramas de extraterrestres, del fumador, de Skinner, de Alex Krycek, los Lone Gunmen o hasta de los agentes John Doggett o Mónica Reyes, ver cómo se ha podido desaprovechar una oportunidad de oro para hacer un epílogo glorioso de tantos años de buena televisión y en su lugar se ha creado una flojísima película más cercana a CSI que a cualquier otra cosa, nos duele en el alma.
X Files: I Want to believe es un mal homenaje que retoma la trama años después de la conclusión de la serie. Que introduce a los protagonistas de manera torpe, que no hace mención a aspectos que quedaron sin resolver, que mete con calzador a algún que otro personaje mítico simplemente para hacer un guiño, pero que se queda en un argumento ramplón, sobre misteriosas desapariciones que luego no lo son tanto, con un ambiente similar aunque a años luz del recreado en El Silencio de los Corderos.
Es un ensayo sobre la fe en todas sus vertientes. Sobre creer. El famoso “I want to believe” pronunciado por Moulder y que colgaba en un póster de su despacho, aquí es el centro de toda la trama, en todos los sentidos, aunque por desgracia tratado de manera errática.
Tenía muchas ganas de ver esta nueva adaptación al cine de los Expedientes X porque la conclusión de la serie me dejó un poco frío, la otra película data de 1998 y muchos la criticaron por parecer un episodio alargado sin más, pero viéndola en perspectiva, fue bastante mejor. La verdad, ha sido una lástima cerrar de esta manera la mejor serie de televisión de los 90.
En fin, que volveremos a ella vía dvd y nos contentaremos con la segunda temporada de Californication, que empieza en breve.