Massive Attack – Ritual Spirit EP

Por Manuel Pinazo el Miércoles feb 24, 2016 Categoría Críticas

Massive Attack – Ritual Spirit EP / Por Manuel Pinazo

Massive Attack se lo toman con calma. Aunque llevan casi tres décadas con una actividad constante, tan solo cuentan en su haber con cinco discos de estudio, tres de ellos concentrados entre 1991 y 1998 y el resto, con más de un lustro de diferencia.

La banda nacida del colectivo artístico de Bristol The Wild Bunch, vuelve seis años después de su último lanzamiento, aquél Heligoland (2010) que recordemos nos dejó un poco fríos.

Conscientes de que su música necesitaba una vuelta de tuerca, en Ritual Spirit, donde Robert 3D Del Naja toma los mandos, logran sorprendernos con unas bien elegidas compañías que han dado mucho empaque a sus nuevas canciones. El EP tendrá continuación la próxima primavera con otro, comandado en este caso por su compañero Daddy G y un un disco completo que llegará a lo largo del año.

La principal virtud de estos nuevos temas, que conocimos por primera vez a través de la app Fantom, llega al actualizar su sonido a los nuevos tiempos manteniendo sus habituales tics, para hacernos ver que su discurso aún tiene mucho recorrido. Así, la colección de percusiones que acompañan al rapero londinense Roots Manuva en “Dead Editors” abre un conjunto en el que en poco más de un cuarto de hora viajan por la vaporosa senda que marca Azekel en una “Ritual Spirit” que podríamos imaginar en otros tiempos con la voz de su fiel Horace Andy. En la parte final suben un poco más el listón con los ritmos tribales de la claustrofóbica “Voodo In My Blood” en la que los inquietos Young Fathers hacen de las suyas y en una “Take It There” en la que Tricky, su viejo compañero de batallas se marca un dúo de los de antaño con el propio 3D, para cerrar de la mejor manera posible un conjunto que nos deja ávidos de nuevas composiciones. Bienvenidos de nuevo.

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Tindersticks – The Waiting Room

Por Manuel Pinazo el Domingo feb 7, 2016 Categoría Críticas

Tindersticks / The Waiting Room / Por Manuel Pinazo 

La segunda vida de Tindersticks, que regresaban en 2008 tras un hiato de cinco años tras la deserción de gran parte de sus miembros y dos discos en solitario de su cantante, Stuart A. Staples, es toda una celebración. Ellos son una de esas excepciones en una escena poco acostumbrada a su pop barroco y oscuro, con multitud de ambientes cinematográficos y esos virtuosismos varios salidos de la mente de los de Nottingham, quienes hace tiempo decidieron reorientar su estilo hacia un sonido descargado de parte de sus habituales orquestaciones y apoyado en una rica instrumentación.

The Waiting Room, undécimo álbum de su carrera y primero que venie acompañado de un proyecto audiovisual que dota a cada canción de un vídeo dirigido por un director distinto (puedes verlo abajo), quería ir un paso más allá que lo que nos ofrecieron en la trilogía iniciada con The Hungry Saw (2008) y continuada en Falling Down The Mountain (2010) y The Something Rain (2012).

Una nueva ración de temas donde veremos cómo manteniendo su sello, muestran la inquietud de querer evolucionar sin dejar de embaucarnos con su clase, que desde la intro instrumental de “Follow Me” versión de una de las piezas que Bronisław Kaper compuso para la banda sonora de Rebelión a Bordo, nos invitan a seguirles por una línea trazada desde la nocturna “Second Chance Man” a los hipnóticos desarrollos de “Were We Once Lovers?” donde Staples nos sorprende con nuevos registros vocales. Esta deriva de experimentación llega a su cénit en “Help Yourself”, esa oda a medio camino entre el funk y el jazz arropada elegantes arreglos de viento.

Destacan igualmente los instrumentales “This Fear Of Emptiness” y “Planting Holes”, el spoken word de “How He Entered”, la escalofriante “The Waiting Room”, la oscura belleza de “We Are Dreamers”, en la que cuentan con la participación de Jehnny Beth, vocalista de Savages, y el majestuoso cierre en clave soul de “Like Only Lovers Can”. Aunque quizá el punto álgido llegue con la emocionante “Hey Lucinda”, cantada junto a la artista Lhasa de Sela, habitual colaboradora y amiga de la banda fallecida en 2010, quien dejó grabada una colaboración que hasta ahora no habían sido capaces de sacar a la luz.

Una vez más, brillando un peldaño por encima de la media.

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