Bunbury & Calamaro – Hijos del pueblo

Por Manuel Pinazo el Domingo jul 12, 2015 Categoría Críticas

Bunbury & Calamaro - Hijos del pueblo

Bunbury & Calamaro / Hijos del pueblo / Por Manuel Pinazo

Reconozco que los discos de duetos, giras conjuntas y demás, me dan bastante grima. Aún así, sentía cierta curiosidad por el contenido de Hijos del Pueblo, grabación que recoge algunas de las canciones interpretadas en el tour mexicano de nueve fechas que decidieron montar Enrique Bunbury y Andrés Calamaro, dentro de la gira del primero por aquellas tierras el pasado año.

Hace más de una década ambos habían coincidido en el escenario y grabando junto a Jaime Urrutia y Loquillo (aquél “Dónde estás”) Un póker de ases que no terminó de fructificar como se esperaba quién sabe si por sobredosis de egos. Pero esta nueva aventura era otra cosa con la que pretendían rendir tributo a la música en español tanto a través de canciones propias, como de otros.

El maño, que se encontraba culminando uno de los tours más exitosos y potentes de su carrera (como pudo comprobarse en el reciente Madrid, Área 51) acompañado por Los Santos Inocentes eficiente banda con Álvaro Suite, Robert Castellanos, Jorge Rebenaque y compañía. El argentino, sumando a su lado al gran teclista Germán Weidemer y todos a la vez, recuperando composiciones de uno (“Infinito”) y de otro (“Estadio Azteca”), de Los Rodríguez (“Sin documentos”) o de Héroes del Silencio (“Maldito duende”). Con un Bunbury demostrando sus tablas como animal escénico y un Calamaro en ocasiones con el “modo karaoke on”.

El resto del repertorio centrado en temas ajenos es lo más interesante de un álbum en el que recuerdan al desaparecido Gustavo Cerati (“Crimen”), al puertorriqueño Benito de Jesús (“Copa Rota”), recuperan ese clásico de la música latinoamericana “Aunque no sea conmigo”, original de Santiago “Chago” Díaz y popularizada por Café Tacuba y tantos otros. Y rinden un homenaje al local José Alfredo Jiménez, autor de “Te solté la rienda” y de esa “Hijos del pueblo” que le da título.

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Chiste (muy) malo

Por Manuel Pinazo el Viernes jul 10, 2015 Categoría Varios

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Celebramos el regreso de Richard Hawley

Por Manuel Pinazo el Martes jul 7, 2015 Categoría Música

Vuelve Richard Hawley.

El cantante regresa el próximo 11 de septiembre con Hollow Meadows, el que será su séptimo disco en solitario.

Como somos grandes admiradores y estamos deseosos de poder disfrutar de sus nuevas composiciones, hemos pensado que estamos ante una gran ocasión para recordar varias canciones de su carrera.

Artículo escrito a medias con mi compañero Fidel Oltra.

Una trayectoria que comenzó en la banda de Sheffield Treebound Story y continuó en Longpigs. En los 90 pasó enrolarse en Pulp junto a su amigo Jarvis Cocker hasta que en 2001 decidiera debutar como solista.

“Coming home”

Por Manuel Pinazo

Por Manuel PinazoPor aquél entonces editaba un EP homónimo y algo atípico para la época, donde dejando a un lado el pop noventero de sus proyectos anteriores, se decantaba por el sonido de los años 50 de clásicos como Ricky Nelson, Roy Orbison o Bobby Vinton y que había venido precedido de este single:

“Baby you are my light”

Por Manuel Pinazo

Pocos meses después llegaba su primer disco, Late Night Final, que siguiendo la misma estela ahondaba en un discurso que poco a poco iba asumiéndose como propio. Una rara avis en una escena que por aquél entonces parecía más preocupada por otros sonidos y parecía no ver en el británico la clase innegable para crear declaraciones de amor tan contundentes como su segundo corte:

“Oh my love”

Por Manuel Pinazo

Con Lowedless (2003) comenzó a llegar la merecida notoriedad. Hawley continuaba a su ritmo, facturando canciones atemporales y demostrando que se puede cantar al amor sin resultar pedante, derrochando clase por los cuatro costados:

“Cole´s Corner”

Por Fidel Oltra

“Cole´s Corner” es una enorme canción la que abre el que tal vez sea su mejor álbum. Aquí encontramos al Richard Hawley que canta a esa frontera difusa entre la noche y el día, a recorrer la ciudad en busca de uno mismo, a la vertiginosa sensación de soledad y aislamiento que a veces sentimos aún rodeados de gente. Una de las pocas veces que escuchamos a Hawley sin guitarras, acompañado al piano y con unos arreglos de cuerda que embellecen todavía más esta crepuscular canción, y el resultado es realmente emocionante.

“The Ocean”

Por Fidel Oltra

Si nuestras vidas son los ríos que van a parar a la mar, que decía el poeta, la de Richard Hawley desembocó en 2005 en esta maravilla de canción que un servidor, sin temor a exagerar, colocaría entre las cinco mejores de lo que llevamos de siglo XXI. “The Ocean” es un río que empieza lento, se va embraveciendo, pasa por cascadas y remolinos hasta que acaba, sobre todo en vivo, en un torbellino de sonidos que todo lo engullen y lo arrastran hasta el fondo del océano. Buena muestra de ello es esta soberbia interpretación en el FIB 2008.

“Tonight the streets are us”

Por Manuel Pinazo

Tras la resaca del éxito del sublime Cole´s Corner llegaba Lady´s Bridge (2007), un nuevo paso adelante en su discografía, que demostraba que aparte de bellas piezas introspectivas, el artista era capaz de dotar de un brillo deslumbrante a sus melodías. Este es un canto a la vida, una celebración para levantar el espíritu:

“Lady Solitude”

Por Fidel Oltra

Richard Hawley remite, estética y musicalmente, a la música pop que se hacía antes de que la psicodelia empapara el rock y lo cambiara para siempre. En esta canción es fácil escuchar ecos de aquellas tremendas baladas de Elvis Presley o Roy Orbison, temas que conseguían emocionar con mimbres musicales nada rebuscados. Eso sí, dando todo el protagonismo a unas voces excepcionalmente dotadas para estas baladas flamígeras. La de Hawley sigue la tradición.

“As The Dawn Breaks”

Por Fidel Oltra

Aunque seguramente no esté entre las mejores de Richard Hawley, siempre he tenido mucho aprecio por esta canción debido a la sensación de tranquilidad que transmite, empezando por los cantos de los pájaros, los sonidos del bosque o del agua corriendo, y siguiendo por la delicadeza con la que la canta. Además abría con ella su gira de 2009, creando un ambiente emocionante ya desde el primer momento. Para conseguir una relajación absoluta sin tener que adentrarse en resbaladizos terrenos ambient o new age.

“She Brings The Sunlight”

Por Fidel Oltra

El último disco de Richard Hawley hasta la fecha no gustó a todo el mundo. De alguna manera abandonaba su faceta de crooner moderno para abrazar un rock ruidoso y con destellos psicodélicos del que, aunque con cuentagotas, ya daba alguna muestra en sus directos. Es la primera vez que su voz pierde el protagonismo y queda por debajo de las guitarras. Sin embargo la canción que abría el disco tiene su encanto, combinando psicodelia 60s (el sonido de la cítara) con rock escabroso de los 90 y pizcas de las melodías vocales de los Gallagher. Sorprendente e interesante.

“Wich Way”

Por Manuel Pinazo

Y para terminar el tema que nos adelanta el que será su nuevo disco, “Wich Way” donde se nos muestra más psicodélico que de costumbre empañando la melodía con una maraña de densas guitarras, que acompañan a su siempre profunda voz. Un aperitivo que nos deja ansiosos por volver a disfrutar de su personal estilo.

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New Order publicarán nuevo disco, buen motivo para recordar su carrera

Por Manuel Pinazo el Viernes jul 3, 2015 Categoría Críticas

New Order están de regreso. La histórica formación confirmaba hace pocos días nuevo material, que llegará vía Mute el próximo 25 de septiembre, razón más que suficiente para que hayamos querido recordar su historia y reivindicar su importante papel en la música de nuestros días, que en los últimos años parece ensombrecido por el protagonismo de Joy Division, del que sus miembros igualmente fueron partícipes.

Pero hoy hablaremos de sus sucesores, de cómo supieron evolucionar y adaptarse a la tragedia y fueron capaces de construir su propia leyenda.

El comienzo fue difícil, muy difícil. Sobreponerse al suicidio de Ian Curtis debió ser durísimo. Cuando Joy Division estaban en una progresión ascendente, la muerte de su vocalista y letrista debió destrozar a sus jóvenes compañeros, finiquitando instantáneamente a una banda que hoy se encuentra entre las más influyentes y reivindicadas de la historia.

Poco después de aquel trágico 18 de mayo de 1980 los tres miembros restantes, Bernard Sumner (guitarra), Peter Hook (bajo) y Stephen Morris (batería), decidían seguir adelante bajo una nueva denominación. Una refundación que comenzaba justo donde terminaba la anterior. En ese postpunk atmosférico mostrado en Closer (1980), que continuó en “Ceremony” que fue escrita por el malogrado Curtis y supuso el debut como single de esta nueva encarnación. Una pieza ya grabada previamente por el cuarteto y que podíamos encontrar interpretada en directo en el póstumo Still (1981).

Su primer disco Movement (1981) continuaba la misma senda y todo parecía mantenerse. Factory, sello de su amigo y mentor Tony Wilson editaba (hasta su cierre en 1992), Martin Hannett se encargó de la producción (por última vez) y Peter Saville diseñó la portada, algo que perdura hasta nuestros días. Muchas de esas canciones podrían haber formado parte del cancionero de Joy Division o quizá no, nunca lo sabremos. Lo que estaba claro es que el grupo había sabido sobreponerse y buscaba una nueva identidad y un nuevo sueño, como bien rezaba la profética “Dreams Never End”, que lo abría.

La inclusión de Gillian Gilbert en 1981 supuso el punto de inflexión y el empujón que necesitaban para marcar un nuevo camino. New Order incorporaba los sintetizadores y teclados sin contemplaciones, algo que muchos interpretaron como una traición a su ideario, pero que para sus miembros fue una evolución natural. Bernard Sumner se ha cansado de recordar que Curtis estaba fascinado con el sonido de pioneros como Kraftwerk y no dejaba de comentárselo y de pedir incorporarlos, lo que seguro les hubiera llevado a experimentar con la electrónica en sus siguientes pasos. Una evolución refrendada por el propio Peter Hook, quien me comentaba en una entrevista hace cinco años, que “Joy Division hoy sonarían como New Order sin el cantante malo” (aprovechando para meter una pullita a su antes amigo y hoy odiado rival).

Los primeros temas del cuarteto ya con Gilbert en sus filas (“Procession”, “Everything´s gone green”) anticipaban lo que estaba por venir, demostrándolo ya de manera clara en otro de sus nuevos 7″, la redonda “Temptation” (1982):

Pero todo cambió el 7 de marzo de 1983, momento en que se publicó “Blue Monday”, el sencillo independiente más vendido de la historia del Reino Unido (cuyos beneficios fueron dilapidados con las deudas de la discoteca Hacienda). Una de esas obras maestras de la historia de la música, que aún hoy, 32 años después de su publicación, sigue enloqueciendo a quien se encuentre con ella en cualquier sesión, a pesar de versas sobre el día más deprimente del año.

Porque “Blue Monday” fue justo eso, el salto sin complejos a la pista de baile con el apoyo de una base gloriosa donde nada sobra y nada falla. Desde el sintetizador que va marcando el ritmo, al bajo postpunk de Hook, los teclados magistrales de Gilbert y la voz y guitarra de Sumner que casa como un guante junto al resto de los elementos. Poco más podemos decir que no se haya dicho de una gema imperecedera como esta ¿Muchas canciones puedes escucharse miles de veces sin que sigan produciendo la misma sensación que la primera?:

Días después llegaba su segundo LP, Power, Corruption & Lies (1983) que incomprensiblemente, no incluía “Blue Monday”, pero sí otras piezas que seguían la misma estela (desde el embrión del tema “586″, recuperada en directo en su última gira; a la convincente “Ecstacy”). Pero esto no quiere decir que los mancunianos pasaran del angustioso postpunk a la música dance de un salto. Ellos habían encontrado su estilo propio, donde podíamos encontrar sin extrañarnos desde el sonido de sus raíces (siempre presentes) al pop cristalino (“Age Of Consent”) o la oscuridad electrónica (“Your silent face”).

Una estela que mantuvieron en sus siguientes lanzamientos tanto en forma de temas independientes (“Thieves like us”) con la ayuda del productor y dj Arthur Baker, como en su siguiente referencia, Low Life (1985), uno de sus trabajos más redondos.

New Order ya eran una de las bandas más importantes y populares de la escena y no solo en Europa, sino en EEUU donde su lugar en las listas de éxitos cada vez estaba más arriba. Cada uno de sus singles venía acompañado de multitud de versiones extendidas y remezclas y su impronta se dejaba ver en multitud de nuevas formaciones nacidas bajo su estela.

Un año más tarde se editaba Brotherhood (1986), que si bien en ventas tuvo un papel más discreto que su antecesor, incluía otra de las piezas más recordadas de su carrera, “Bizarre Love Triangle”, otro de sus ases infalibles tanto por su estructura, por su excelsa melodía.

El álbum suponía una evolución lógica en su discurso, pero lastraba el protagonismo de las guitarras, tan solo presentes de una manera más obvia en momentos como la rockera “Broken promise” o la pegadiza “Weirdo”.

A partir de este momento comenzarían las tensiones en la banda, fundamentalmente entre Peter Hook y Bernard Sumner, quienes no se aguantaron nunca. Ambos tenían una visión diferente de lo que querían para su sonido y no terminaron de congeniar. En 1987 editaban Substance, doble recopilatorio de singles totalmente recomendable al contener gran cantidad de material no incluido en sus discos de estudio y para muchos, las auténticas gemas de su discografía.

Su estancia en Ibiza dio como resultado otra de sus obras maestras, Technique (1989) claramente influenciado por el house y la cultura de clubs. Que mirando de frente al hedonismo, combinada su sello inconfundible con algunas creaciones redondas. Desde la mirada al acid house de “Fine time”, al pop electrónico de “Round and round” y “Vanishing point”, la melodía grandiosa de “Run” o el sableo descarado al “Just Like Heaven” de The Cure en “All the way” (devolviendo la jugada a los de Robert Smith que ya se acordaron de “Dreams Never End” en “In Between Days” o de “Blue Monday” en “The Walk”).

Desde Technique hasta nuestros días nada ha sido lo mismo y New Order tan solo ha brillado en contados fogonazos. En 1990 grabaron “World in motion” para la selección inglesa de fútbol y arrancaron los proyectos en solitario de sus distintos miembros (Electronic, Revenge, Monaco, The Other Two…).

Ya en 1993 regresarían con Republic, cuyo sencillo de presentación, “Regret”, llegaría al número 1 de las listas de EEUU y volvería a colocar a la banda en la picota, a pesar de que el conjunto del disco estuviera muy por debajo de las expectativas.

Tras una gira más que tensa, deciden separarse para disgusto de sus fans. Los años siguientes pasan por proyectos paralelos y por la edición de algún que otro recopilatorio. Pero poderoso caballero es don dinero y en 1998 se reúnen para una gira que les lleva a varios festivales y sorpresa, a recuperar en el repertorio algunas piezas de Joy Division.

Con “Brutal” como aperitivo y como primer tema grabado en más de un lustro (apareció en la BSO de The Beach), la formación se prepara para un nuevo álbum, Get Ready, que vería la luz en 2001 y tendría por última vez (hasta la fecha) a todos sus integrantes inmersos en la grabación. En él recuperan las guitarras y parte de la credibilidad perdida, mostrándose vigorosos en la canción que lo abre, “Crystal”, que sorprendió al personal con un vídeo interpretado por un grupo eminentemente más joven, suponemos que para epatar a nuevas generaciones.

Su regreso más rockero contó con la colaboración de artistas como Billy Corgan (“Turn my way”) o Bobby Gillespie (“Rock the shack”) y aunque lejos de acercarse a sus momentos más inspirados, al menos supuso una nueva inyección de energía para quienes por aquél momento necesitaban reinventarse en cierta forma.

En 2005 y siguiendo aquél impulso, publicaron Waiting for the siren´s call (sin Gillian Gilbert y con el fichaje de Phil Cunningham), su trabajo más discreto, que aparte de algún que otro momento resultón, poco más aportaba, por no hablar de su continuación que recogía tomas inéditas grabadas en las mismas sesiones, el recientemente publicado e intrascendente The Lost Sirens (2012).

En 2007 Peter Hook anuncia la separación definitiva de New Order, desmentida al momento por sus compañeros y se embarca primero en una nueva y efímera aventura junto a los ilustres Andy Rourke (The Smiths) y Mani (The Stone Roses, Primal Scream) llamada Freebass y posteriormente, se une a su hijo en The Light, para desempolvar (o desvirtuar) el legado de Joy Division primero y de New Order después en una serie de conciertos temáticos por todo el mundo. Y así sigue hasta nuestros días, viviendo de réditos pasados.

Mientras, Sumner y Cunningham ponían en marcha el discreto combo Bad Liutenant (2009), hasta que en 2011 con la vuelta de Gillian Gilbert (tras unos años ausente dedicándose a su hijo enfermo) y ya sin Peter Hook a su lado, vuelven a los escenarios, primero en unos conciertos benéficos y posteriormente, en una gira en toda regla, con Tom Chapman como nuevo bajista.

Una reunión que sin la presencia del díscolo Hook ha generado el buen ambiente necesario para animarse a entrar de nuevo al estudio y preparar unas nuevas grabaciones que podremos disfrutar el próximo otoño con el título de Music Complete. ¿Y qué podemos esperar de ellas? De momento no conocemos mucho, pero que estén publicadas en Mute ya nos da buena espina, ya que el sello fundado por Daniel Miller descubridor de Depeche Mode, Fad Gadget, Yahoo, Erasure y tantos otros, siempre nos ha dado grandes alegrías y ha estado desde su fundación a la vanguardia de nuevos sonidos.

Os dejamos el teaser del regreso de New Order, en el que dejan entrever un posible retorno a los sintetizadores que les hicieron grandes:

Veremos. Mientras, esperaremos escuchando todos sus sencillos:

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Franz Ferdinand & Sparks FFS – FFS

Por Manuel Pinazo el Miércoles jul 1, 2015 Categoría Críticas

FFS - FFS

FFS / FFS / Por Manuel Pinazo

La alianza entre Sparks y Franz Ferdinand pintaba bien desde el principio. El dúo de los hermanos Mael, surgidos hace más de 40 años en Los Angeles, banda de culto y unos de los artífices de la new wave que llegaría pocos años más tarde, son una de las formaciones que más ha influido a artistas como Morrissey, Magnetic Fields y tantos y tantos otros, incluyendo, por supuesto, a Franz Ferdinand.

Ambos llevaban queriendo colaborar desde hace tiempo y finalmente se ha concretado poniendo en marcha más que una unión, una fusión de talentos en toda regla, con la que han conseguido mezclar sus grandes virtudes: la teatralidad, ironía y mordacidad de unos, frente a la energía y la chispa de los otros, dando como resultado un notable álbum plenamente disfrutable bajo la estela de una nueva denominación: FFS.

Un crisol de reconocibles estilos que no extrañarán a quienes conozcan la carrera de ambos ya que nos los encontraremos por separado (“Save me from myself”recuerda a los últimos Franz Ferdinand y “Dictator´s Son” es 100% Sparks) pero que gana mucho cuando las guitarras de unos se unen a los teclados y los gorgoritos de otros para conformar estribillos contagiosos (“Piss Off”, “Johnny Delusional”, “Police Encounters”), funk (“Call Girl”), baladas ambientales (“Little guy from the suburbs”), desmelenes de synth pop a lo Devo (“So Desu Ne”) o ese tiovivo que resume a la perfección lo que vamos a encontrarnos en el disco, “Collaborations don´t work”, que arranca como una pieza acústica, para ir mutando en varias canciones en una, donde cabe la ópera, el pop desenfadado o las estrofas machaconas.

¿Las colaboraciones no funcionan? Desde luego que así sí lo hacen. ¡Y de qué manera!

 

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