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Ha terminado el FIB, sin duda el que más trabajo nos ha dado al menos desde que yo trabajo allí.

El más duro y estresante y quizá también por ello el más gratificante.

Un año en el que hemos terminado con una sensación rara, pero en el que hemos vivido nuevas situaciones y alguna que otra agradable sorpresa personal que no podría haberme imaginado hace tan solo unos meses.

Una edición con un cartel para el recuerdo.

Con conciertos apoteósicos…

Que quedarán grabados en nuestros corazones…

…hasta el fin de los tiempos.

Y ahora toca descansar, para con la mente despejada poder pensar en el futuro.
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