El pasado 22 de abril fallecía Josetxo Anitua, vocalista de una de las bandas más importantes que dio nuestro país la pasada década de los 90, Cancer Moon. Un artista que deja como legado una colección de discos y canciones imprescindibles.
Una de sus últimas apariciones fue hace un par de años, junto a sus amigos de Atom Rhumba en un excelente trabajo grabado en directo directo que reflejaba toda la energía rockista de su personalidad: Bilbao 13.05.05. Kafe Antzokia.
Por canciones como “Wax and Wane”, “Carolyn’s fingers“, “Blind Dumb Deaf”, “Ivo”, “Lorelei”, “Fluffy Tufts”, “Little Spacey”, “Cherry-Coloured Funk”, “Heaven Or Las Vegas”, “Evangeline”, “Bluebeard”,…
Por su participación en This Mortal Coil junto a otros artistas de 4AD.
Un poco de casualidad, un mucho de intención, una banda en estado de gracia –Lagatija Nick- y un cantaor sin par –Enrique Morente-, dieron como resultado un excelso álbum, ‘Omega’ (1996), de rock encrespado y cante lacerante, con la poesía de Lorca y cuatro canciones de Leonard Cohen –las favoritas de Morente- como hilo conductor de este monumental álbum, clave esencial de la música popular española de todos los tiempos.
La reedición digital del álbum, originalmente editado por El Europeo en 1996, ha propiciado una vuelta a los escenarios de sus autores, bautizados para la ocasión como Morente Omega con Lagartija Nick. Mexico D.F., Barcelona, Madrid y Benicàssim son las ciudades que podrán disfrutar en directo de éste esperadísimo regreso. FIB Heineken pondrá el broche de oro a un encuentro único.
Clint / Los Hombres Duros También Bailan / Por Manuel Pinazo
A medio camino entre el spaghetti western, el lounge y las composiciones cinematográficas de Lalo Schifrin, Roy Budd, Hugo Montenegro o Fausto Papetti, se encuentra la propuesta de los madrileños Clint, que en su segundo trabajo, Los Hombres Duros También Bailan, retoma el camino iniciado en 2005, con su debut Alégrame el Día y actualiza algunas partes del score que prepararon para la película muda Berlín: Sinfonía de una ciudad, (Walter Ruttman, 1927).
Un disco mucho más rico y complejo que el anterior, donde instrumentales llenos de matices, rock fronterizo, trompetas lastimosas, guitarras punzantes, arreglos orquestales y percusiones exquisitas, se entremezclan con continuos guiños; desde al protagonista de la saga que Don Siegel inició en 1971 (Harry el Sucio) mediante la voz de Constantino Romero (nuestro Clint Eastwood), a clásicos como el “Love Theme” compuesto por Nino Rota para El Padrino de Francis Ford Coppola, aquí revisitado como “Il Padrino” –mucho más certero y contundente con guitarra o trompeta que con piano–.
Un trabajo que pasa de recordarnos a Calexico (“Los Tipos Duros También Bailan”), los primeros Tindersticks (“No es Nada Personal”) o el surf de los Ventures (“Rockanroleza Muerta”), para a continuación, remitirnos al Tom Waits más circense (Toma Quince Mil), a Ennio Morricone (“Ocaso y funeral de Morris”) o al mismísimo John Barry (“El Hombre que Apuntaba a Todo”, “Se valora el silencio”).
Tras una extraña mutación que les alejó de los pasajes preciosistas de su debut Felt Mountain (2000) y les llevó a convertirse en abanderados del electroclash y la electrónica más hedonista en sus dos trabajos posteriores, (Black Cherry (2003) y Supernature (2005)), Alison Goldfrapp y Will Gregory retoman en parte, la identidad que les vio nacer y recuperan su pasión por los momentos delicados y reposados de sus comienzos.
Y decimos en parte, porque Seventh Tree es mucho más que una vuelta a sus orígenes, es una retroevolución y a su vez, un paso hacia delante. Una nueva aventura, donde la electrónica reposada y los dejes a lo Shirley Bassey mutan hacia el folk, los pasajes florales, guitarras acústicas, percusiones mágicas y bellos arreglos, conjugando un sonido entre místico y lo imaginario, donde las portentosas cualidades vocales de antaño renacen ahora más cercanas a Liz Fraser, Siouxsie o Kate Bush.
Basta escuchar los primeros instantes de “Clowns” para caer rendidos ante la nueva propuesta sonora del dúo británico, donde piezas como las oníricas “Little Bird”, “Road To Somewhere” y “Monster Love”, el pop con dejes beatlemanos de “Happiness” o la fragilidad de “A&E” y “Eat Yourself”, reorientan de manera inspirada su discurso.