Nacieron hace treinta años bajo un crisol de influencias de lo más variopinto: desde las cenizas del punk, el toque glam de figuras como Bowie o Marc Bolan y la oscuridad de la Velvet Underground, a los ambientes de Eno, el sonido de bandas como Joy Division, Suicide o Kraftwerk y el expresionismo alemán. Su carrera duró apenas cinco años (1978-1983) en los que se convirtieron en padrinos del movimiento gótico, pero su música reivindicada hasta la saciedad, no se quedaba en la densidad, los pasajes asfixiantes y las letras tétricas. En ella podíamos encontrar ambientes dub, bases funk, pop o interesantes momentos experimentales. Discos como In The Flat Field (1980) y Mask (1981), o canciones como “Bela Lugosi’s Dead”, “Silent Hedges”, “Kick In The Eye”, “She’s In Parties”,… quedarán en nuestra memoria para siempre.
El año 1998 vivió su primera resurrección con un tour mundial que dio como resultado el directo Gotham, pero 2005 volvió a ver cómo el vampiro renacía gracias a Coachella y a una nueva gira que les llevaría por medio mundo y tras la cual, se gestaría este Go Away White, primer disco de la banda de Northampton en 25 años. Un trabajo póstumo, ya que fuertes tensiones durante la grabación, dieron al traste con cualquier tipo de continuidad futura del grupo, pero que han querido publicar, en un guiño hacia sus incondicionales.
Diez canciones grabadas durante dieciocho días en California, en las que la poderosa voz de Peter Murphy permanece inalterable y continúa encajando a la perfección entre las guitarras afiladas de Daniel Ash y la sección rítmica de los hermanos Hawkins. Un trabajo que sin serlo, hace las veces de un grandes éxitos del grupo, ya que recoge las principales facetas que les hicieron grandes. Canciones como “Adrenalin”, “Black Stone Heart”, “Too Much 21st Century”, “International Bullet Proof Talent” o “The Dog’s A Vapour” –única facturada en 1998–, no desentonarán junto al resto de su discografía y harán las delicias de muchos incondicionales nostálgicos porque sin duda, está a la altura. La lástima es haberles perdido para siempre cuando parecía que volvían a estar entre nosotros.
Jens Lekman / NightFalls Over Kortedala / Por Manuel Pinazo
Suecia es una de las cunas del pop por antonomasia y Jens Lekman, su nueva estrella. Este artista de Gottenburgo al que descubrimos en 2004 con su debut When I Said I Wanted to Be Your Dog, es un creador a medio camino entre Stephen Merrit, Morrissey, Calvin Johnson y Neil Hannon. Sus canciones destilan épica, hedonismo, romanticismo y melancolía a partes iguales, algo que continúa presente en su nuevo trabajo, el excelente Night Falls Over Kortedala, una de las sorpresas del pasado 2007 donde el sueco vuelve a dar muestras de su talento.
Un disco luminoso plagado de majestuosos arreglos orquestales, donde timbales, violas, violines, chelos, acordeones, arpas, trompetas, bongos,… construyen doce piezas de pop mayúsculo –en ocasiones excesivo, eso sí– que nace bajo la sombra no sólo de los obvios The Magnetic Fields, Future Bible Heroes, Chet Baker o Belle & Sebastian,… sino también de la música disco, la motown, o los crooners de los años 50.
Night Falls Over Kortedala engancha gracias al dramatismo de la épica “And I Remember Every Kiss”, al torrente melódico de las bailables “Sippin On The Sweet Nectar” y “The Opposite of Hallelujah”, a las delicadas “Your Arms Around Me” y “Shirin”, o a la fragilidad de “It Was A Strange Time In My Life”, que cuenta con la colaboración de la también sueca Sarah Assbring (El Perro Del Mar).
Un álbum adictivo que nos obliga en fijar la mirada en los próximos proyectos de su joven autor.
Será la sexta vez que veamos a The Cure en directo,… pero lo haremos con la misma ilusión de la primera.
“No olvides las canciones que te han hecho llorar y las canciones que te han salvado la vida. Ahora eres mayor y más listo, pero ellas siempre estarán a tu lado” (”Rubber Ring” The Smiths)