Gracias a tener un director de equipo gilipollas perdido, McLaren-Mercedes ha tirado a la basura el Mundial de Formula 1 2007 en favor del Ferrari de Kimi Raikkonen.
Ron Dennis nunca trató a Fernando Alonso como el bicampeón del mundo que es y centró las energías del equipo británico en el debutante y también británico Hamilton, niñato presuntuoso y sobervio que pretendía ser el campeón más joven de la historia y que se ha quedado hoy con las ganas.
A cada cerdo le llega su San Martín y Dennis se ha llevado el suyo por partida doble: primero perdiendo el mundial de constructores en los despachos por su espionaje a Ferrari y segundo hoy, en la pista por listo.
Veremos los duelos que depara el Mundial de 2008. La cosa promete.
Lo suyo es el eclecticismo por antonomasia, la continúa búsqueda de nuevos territorios en cada una de sus referencias y una inquieta y estimulante forma de ver el rock lejos del encasillamiento y el acomodo. Apenas un año después de entregar el conceptual, enrevesado y recomendable Drums Not Dead (9º mejor disco del año en Muzikalia) Liars regresan a la actualidad con un álbum homónimo en el que, una vez más, vuelven a dar una vuelta de tuerca a su sonido.
Grabado entre Berlín y Los Angeles, en su cuarto trabajo ya no hay rastro de ritmos tribales, percusiones enrevesadas o ambientes asfixiantes y tortuosos, Liars, es un disco de guitarras, de canciones entre lo primitivo y lo brumoso, donde la melodía gana terreno a la experimentación o a la improvisación de antaño. Aquí hay rock contundente, garage, ritmos funk, surferos y una deuda aparente con el Psychocandy de los Jesus & Mary Chain.
Pero haciendo honor a su nombre, si tuviéramos que decir que simplemente remiten al sonido de los hermanos Reid (“What Would They Know”, “Freak Out”, “Pure Unveil”), sería una mentira mayúscula. Ellos además son capaces de pasar con facilidad de la agresividad rockera (“Plaster Casts Of Everything”) a convertirse en unos Happy Mondays con falsete (“Houseclouds”). O a alternar los sonidos más marcianos (“Leather Prowler”) por los más seductores (“Sailing To Byzantium”) sin despeinarse. De parecer Black Sabbath (“Cycle Time”) a crear piezas por las que Beck (“Clear Island”)o Flaming Lips (“Protection”) matarían.
Estos días cuando aún anda reciente la publicación de In Rainbows, nuevo trabajo de Radiohead (aún no he tenido tiempo de escucharlo bien) que como sabéis ha venido precedido de una fabulosa campaña de marketing al haber sido lanzado de manera totalmente gratuita a través de su página web, me ha venido a la memoria el disco que les convirtió en una de las bandas más grandes del planeta.
El caso es que mi amigo y compañero en Muzikalia, Juan, es gran admirador de los británicos y desde hace meses me hablaba de la intención de publicar un reportaje que hablara de “los 10 años de Ok Computer” pero finalmente, por cierta dejadez, por desgracia no fructificó, cuando revistas como el excelente MOJO británico hicieron lo propio. El tema es que llega tarde, pero hoy mismo escuchando este In Rainbows me he dado cuenta de cómo pasa el tiempo y he sentido una cierta deuda personal para hablar de ese disco.
Nadie puede negar su importancia, ni la forma en la que con su tercer trabajo los británicos retomaban en cierta forma el camino emprendido por U2 en Achtung Baby y dándole una vuelta de tuerca al rock mezclado con electrónica (gran mérito del hoy afamado productor Nigel Godrich) conseguían un disco aún más redondo, más influyente, emocionante y perturbador, que fue capaz de cambiar el concepto musical de aquellos años, de la misma forma que el debut de Stone Roses como germen del britpop, el Nevermind de Nirvana que les situó como hijos aventajados del grunge (aunque muchos nos quedamos con Sonic Youth o Mudhoney, pero esa es otra historia), o Massive Attack y su Blue Lines como antecedente del trip hop.
Personalmente Ok Computer no es un disco crucial en mi vida, a mi me pilló con 24 años y bueno, no causó el efecto que pueden crear en un adolescente de 15 ó 16 obras como Darklands, Ocean Rain, Disintegration, The Queen Is Dead, Music For The Masses, Document, Come On Pilygrim o The Unforgetable Fire, pero sin ninguna duda se encuentra entre mis favoritos de la pasada década. Pienso que es un trabajo sobresaliente, una obra maestra que contiene grandes momentos como la angustiosa “Paranoid Android”, la densa “Airbag”, la impresionante melancolía de “Exit Music (For a Film)” o las perfectas “Karma Police”, “No Surprises”, “Let Down” o “Lucky”, canciones que pese a quien pese permanecerán en la memoria inalterables al paso del tiempo. Un disco sobre una sociedad alienada, sobre la vida del que si tuviera que quedarme con una estrofa elegiría sin duda esta de “Paranoid Android”:
That’s it sir
You’re leaving
The crackle of pigskin
The dust and the screaming
The yuppies networking
The panic, the vomit
The panic, the vomit
God loves his children, God loves his children, yeah!
Algunos amigos se ríen y hablan del daño que ha hecho Radiohead a la música pero no estoy de acuerdo. Ellos transformaron la épica en melancolía y dejaron tras de sí un interminable reguero de bandas que no sonarían igual sin su influencia: Travis, Coldplay, Keane, Snowpatrol, Muse, Maga … eso por no hablar de la oleada de nuevos fans que generó su publicación, de cómo desde diferentes foros y publicaciones se les denominaba los sustitutos naturales de los irlandeses Bono & co o de cómo sin quererlo ni beberlo pasaron a ser una banda de estadio que vendía millones y millones de copias.
No podemos olvidar de qué manera ellos ya habían sobrevivido a un éxito prematuro: “Creep”, single de su prime trabajo (Pablo Honey, 1993) les lanzó a la fama instantánea. Ni cómo no se conformaron con ello ni se convirtieron en flor de un día (cuántas y cuántas bandas lo han sido), sino que entregaron un segundo disco mucho mejor (The Bends, 1995) y dos años más tarde este Ok Computer que nos ocupa, que a pesar del reconocimiento mundial y del clamor absoluto que consiguió en todo el mundo, no hizo que la banda viviera de los réditos y continuara en la misma senda musical. Su vocalista Thom Yorke comentaba un año después de su publicación cómo la popularidad le creó problemas psicológicos y cómo terminaron por repudiar su trabajo más celebrado hasta la fecha. Esto les llevó a tomárselo con calma y a hacer algo que les honra, reinventarse brillantemente dando un cambio radical a su propuesta sonora, de donde surgieron los experimentales y recomendables Kid A (2000) y Amnesiac (2001).
Desde entonces Radiohead han renegado de la fama, de la promo, han apoyado multitud de causas solidarias, han cancelado giras por no dañar en medio ambiente y ahora, han dado un golpe encima de la mesa dejando a todo el mundo con dos palmos de narices al regalar su último trabajo en Internet, algo que sin duda no es más que el comienzo de lo que se avecina. Las compañías discográficas atan a los músicos con contratos abusivos a cambio de una promoción variable según modas y el estado del mercado, prácticamente ningún artista vive de vender discos sino que son las giras y los festivales el motor de una industria que con el paso de los años está condenada a cambiar sus habituales prácticas y sino, al tiempo. Hoy en día todo está en la red, la gente accede a lo que le interesa con facilidad y soportes como el vinilo o el CD pierden importancia frente al Ipod, etc.
Todo cambia, el tiempo pasa inexorable y que haya grupos como Radiohead es de admirar. Por ese inconformismo y actitud, por haber dejado en el camino una serie de discos y canciones eternos, siempre tendrán ganado mi respeto.
Como no dejáis de preguntarme por esa leyenda negra que me persigue hace años , quiero haceros saber que a pesar de haber tenido un pequeño bache por razones de horario familiar (las guardias de Raquel) y de salud (los virus fresquísimos que trae Dani a casa), continúa mi intención de sacarme el carné de conducir, que conste.
Continúo en la autoescuela, sigo haciendo tests (ya apruebo un alto porcentaje) y mantengo la firme intención de “sorprenderos con mi actitud“.
Que tengo ganas ya de dejar de ser un copiloto-DJ y pasar de una vez a ser una víctima de situaciones como esta: