Hace poco hablaba de la biografía de Depeche Mode y mencionaba al fotógrafo y director de videoclips holandés Anton Corbijn tan imprescindible en la imagen de algunos de los iconos del rock en las últimas décadas. Pues bien, la pasada edición del Festival de Cannes hizo un preestreno de su por fin estrenado debut como director de cine con Control, la biografía de Ian Curtis.
Y qué decir de Curtis, líder de Joy Division, una de las bandas más influyentes de los últimos 30 años. Un personaje peculiar, depresivo y con un inconfundible talento para crear en su día tan sólo dos álbumes (Unknown Pleasures, 1979 / Closer, 1980) y anticiparse al futuro con un sonido aún vigente en nuestros días o porqué no decirlo, en las décadas venideras, pero que lamentablemente decidió quitarse la vida con 23 años a causa de una profunda depresión. Poco después el resto de los componentes de la banda iniciaron carrera como New Order, pero eso ya es otra historia. Lo que nos interesa es la película en cuestión, que como comenté en su momento, está basada en el libro de Deborah Curtis “Touching From A Distance”, sobre su difunto esposo.
La historia del rock está llena de artistas que acrecententaron su leyenda después de una trágica y prematura muerte. Algunos algo sobrevalorados como Kurt Cobain y otros, nunca suficientemente recordados como el caso de Ian Curtis. Más de uno llorará como una magdalena con esta película, entre los cuales me incluyo.
Arctic Monkeys
Favourite Worst Nightmare
Por Manuel Pinazo
La temporada pasada terminábamos la crítica del debut de Arctic Monkeys afirmando que quizá nadie les recuerde dentro de cinco años, pero que el presente les pertenecía. Pues bien, poco después de entregar el disco más prometedor de la década en el Reino Unido y de convertirse en una de las bandas más importantes del planeta en 2006, los de Sheffield regresan con la máxima de “quien da primero, da dos veces” y lo hacen cuando aún no se han apagado los ecos de su primer trabajo, en una inteligente maniobra al margen presiones y todo tipo de estrategias de marketing al uso.
No estamos ante el segundo disco más esperado de la década, ni nos lo han vendido como tal. Ellos no necesitan disfrazarse de nada, ni presumir de actitud o ser los más cools; ni tampoco destrozan hoteles o agraden a la prensa. Son los mismos cuatro chavales (exceptuando al bajista Nick O’Malley, sustituto de Andy Nicholson) de veintipocos años que a base de buenas canciones y directos cada vez más redondos, se han hecho un hueco entre los grupos más prometedores del momento. Todo ello, en parte gracias a su calidad contrastada, la humildad en sus poses y porqué no decirlo, al favor de una prensa cada vez más ávida de nuevos iconos que enarbolen un tipo de rock que comenzaba a mostrar ciertos signos de estancamiento.
Ustedes se preguntarán, entonces… ¿Cuál es el misterio de este Favourite Worst Nightmare?, pues ninguno. Está realizado con los mismos ingredientes que los de su antecesor, la misma chispa, urgencia punk y contundencia heredada de The Clash, The Jam, The Libertines o los primeros Strokes. Un álbum cuyas canciones quizá no tengan el impacto de su primer disco, o que nuevamente vuelvan a adolecer de la falta de estribillos memorables, pero que son tan efectivas y contagiosas como aquéllas.
No tenemos más que poner el reproductor en marcha y enseguida caeremos rendidos ante la fuerza arrolladora de “Brianstorm”,… y cuando queramos darnos cuenta, nos encontraremos agitando la cabeza al ritmo de “Teddy Picker” y “D Is For Dangerous”. Igualmente bailaremos con el pop de “Florescent Adolescent” y nos sorprenderá el cambio de registro de “Only Ones Who Know”, “Do Me A Favour” o “505” para volver a brincar con “If You Were There”, “Bad Thing” y “Old Yellow Bricks”.