Aunque sí lo he hecho en persona, todavía no he dado las gracias online a Joan por acordarse de mi y pedirle a David J un autógrafo. Soy un mitómano y aunque no es que los coleccione, me hizo ilusión.
El pasado fin de semana se celebró en Sevilla la tercera edición del Spoken Word (Festival Palabra y Música) , en el que se unen recitados de textos (poesía, prosa o prosa poética) con música concebida única y exclusivamente para acompañar a esas palabras. O viceversa.
Este añó como de costumbre contó con un interesante cartel que reunía a gente tan diversa como John Sinclair + Mark Ritsema, el escritor Nick Hornby (Alta Fidelidad) + Marah, al ex Bad Seed y miembro de Einsturzende NeubautenBlixa Bargeld, o como os decía a David J. (Bajista de Bauhaus, Love & Rockets) que actuó junto al mexicano Roberto Mendoza.
Según me comentan, aparte de tener una carrera artística intachable, es un hombre de una interesante y amena conversación con multitud de anécdotas y viviencias. Baste decir que ha pasado de vivir el afterpunk de finales de los 70 y principios de los 80 en una banda hoy de culto y absulutamente reconocida a pasar a formar parte de un grupo de éxito (Love & Rockets), separados en 1998, año, junto con 2005 en el que resucitaron Bauhaus en dos memorables tours mundiales.
Bueno, esto no es un blog de cocina ni lo pretende, para eso ya está el magnífico Pan para hoy y Hambre para Mañana, hecho por mi amigo Julito en el que encontraréis todo tipo de recetas curiosas, fáciles y lo que es más importante, rápidas y exquisitas. De visita obligada, que lo sepáis.
El caso es que a mi me gustan las doradas más que las lubinas, no sé las noto más jugosas. Y quizá esta sea la forma en la que más me gustan:
Sencillas y en diez minutos de horno.
Primero caramelizando cebolla, y luego nada, un poco de perejil, pimienta negra, aceite de oliva, vino blanco y sal.
Con algo de retraso, quiero hacer un pequeño homenaje a Jose Luis Coll, fallecido hace unos días y que formaba junto a Luis Sánchez Polack “Tip” el mejor dúo homorístico que ha dado este país.
Air vuelven tres años después del fantástico Talkie Walkie, en los que han dejado por el camino recopilaciones, colaboraciones (el disco escrito para Charlotte Gainsbourg) o el debut en solitario de Jean-Benoît Dunckel (Darkel). Ahora, es el turno de Pocket Symphony, producido por Nigel Godrich con el que recuperan el concepto de banda sonora y con el que regresa la obsesión por las atmósferas de sus comienzos, dejando a un lado las canciones de pop de su último disco.
No podemos negar a estas alturas el indudable talento de Godin y Dunckel, pero sí podemos reprocharles el abuso de ese reconocible sonido, de esa capacidad innata para crear pasajes oníricos, o de esa habilidad para crear melodías llenas de sensualidad y electrónica naif, porque es ése el principal problema de su nuevo álbum. El no realzar sus virtudes de sobra conocidas y empeñarse en reiterar sus excesos, cayendo en lo repetitivo.
Analizando sus canciones podemos decir que si por un lado funciona la densidad instrumental de “Space Maker” o “Mayfair Song” o nos seducen las habituales piezas vocales marca de la casa: “Napalm Love”, “Photograph”, “Mer Du Japon”,… llegamos a un punto en el que todo se vuelve opaco y no lo salvan ni las ilustres colaboraciones de Jarvis Cocker y Neil Hannon (en “One Hell Of A Party” y “Somewhere Between Waking And Sleeping” respectivamente), con los que ya coincidieron en el disco de la Gainsbourg.
En fin, un álbum que nos deja cierto regusto amargo, del que esperemos nos resarzan pronto.